viernes, 19 de junio de 2009

Niña

De verdad que pensé que mi destino era ser lesbiana, así iba forjándose.

Yo iba en una escuela primara privada de nombre extranjero y pomposo que aún hoy existe y esta ubicada en los rumbos de Santa Fe. Es mixta y en el pequeño car lobby siempre se veía descender de grandes camionetas llenas de guaruras, guardaespaldas o custodios a los niños que ajenos a nuestra propia situación queríamos llegar al lado de los compañeritos, amiguitos y frecuentemente de misses sumamente agradables, cariñosas y comprensivas. En mi salón convivíamos aproximadamente 20 chamacos que como yo gustabamos de recibir estrellitas en la frente o felicitaciones escritas en los cuadernos. entre ellas estaba Lucile, Lucy como le decíamos todos, una niña de cabellos rubios y hermosos ojos azules.

Lucy y yo eramos las mejores amigas y así lo fuimos varios años. Nuestra amistad radicaba en lo bien que nos llevabamos, pero también en los secretos que conservabamos mutuamente.

Muchas veces ibamos a visitarnos a nuestras respectivas casas, a mi me gustaba mas ir a la de ella porque mis papas me permitian pasar la tarde en su alberca que a diferencia de la nuestra aquella tenía chapoteadero, siempre estaba descubierta y tenía el agua calientita. Es en la alberca donde jugabamos a ser modelos y el pequeño trampolín nos servía de pasarela.


En esos juegos ella siempre presumía la cantidad enorme de trajes de baño y lo hacía ganandome siempre pues se ponía y quitaba varios en cada sesión "porque así lo hacen las modelos profesionales" decía segura de sí misma. Al principio armaba una toalla enmedio de un par de camastros que funcionaba como su propio "tras bambalinas" y regresaba al trampolín con otro modelito, pero después comenzó a aburrirse del armado de su camerino y simplemente dejo de hacerlo para seguir cambiándose frente a mi y frente a los guardaespaldas que simplemente nos vigilaban casi como estatuas.

Fue la primera vez que veía un cuerpo femenino, diferente al mío, completamente desnudo y me sentía increíblemente atraída por el maravilloso tono de piel de Lucy, que con el frío del aire fuera de la alberca tomaba tintes rosados a pesar de ser increíblemente blanca.

Su piel blanca y el efecto que tenía el frío sobre ella empezaron a ser motivo de nuevos juegos, podía marcar casi cualquier cosa en su piel y así se quedaba durante varios minutos. Primero fueron sus propias manos, pero depués también fueron las mías. Inicialmente solo las manos siendo presionadas sobre ella pero al final siempre fueron mis manos deslizandose sobre ella para generar dibujos como pinceles sobre un delicado lienzo.

Ella quería hacer lo mismo conmigo pero mi piel amarillenta era ligeramente mas oscura que la suya y los trazos en mí eran realmente efímeros porque por alguna razon yo toleraba mas el frío por lo que nuestros deseos artísticos se concentraban en ella.

Esas caricias fueron las que por primera vez en mi vida me hicieron sentir mariposas en el estómago.



Así pasaron un par de años hasta que un día de otoño, con el viento soplando en el enorme jardín de su casa mientras estabamos chapoteando sentadas en la orilla de la alberca, pasó que el viento surtió efecto en nuestros incipientes senos y básicamente nuestros pezones se endurecieron. Con enorme curiosidad nos los tocamos mutuamente sobre el traje de baño.

Estabamos en quinto grado y yo deseaba estar siempre con Lucy y ella no reprimia sus infantiles deseos y también quería estar siempre conmigo. Fue durante el último año de primaria cuando nuestros juegos, caricias y toqueteos nos llevaron a un evento que inicié yo cuando terminabamos de nadar depués de enjuagarnos en la regadera y estabamos secándonos en el vestidor, las dos al quedar completamente desnudas frente a frente, note ese encogimiento en sus pezoncitos rosados y decidí besarlos. Sintió cosquillas, se retiro con risas y dijo: "mejor ahora yo como bebé" y se pego a mi pezón izquierdo succionandolo durante no mas de 5 segundos, al retirarse con más risas sin nada mas que hacer nos vestimos y después me llevaron a mi casa.

Aun hoy al recordar esa sensación me emociono tanto que mi pezones vuelven a endurecerse.

Terminamos la primaria y nuestros destinos educativos cambió, a ella la mandaron a Londres y yo me quedé. Pasé a la secundaria en una extensión educativa de la misma escuela y descubri con mis amigas que la palabra lesbiana se aplicaba secretamente a mí.

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